VALENTINA

Rodrigo mira la parsimonia del tránsito sobre la avenida Reforma. Desde el piso veinte todo parece tener un ritmo lento, silencioso, como si fuera la toma de una película. Son las tres de la tarde y citó a un detective para que investigue si su mujer lo engaña. Diana es una mujer de treinta y cinco años, con un hermoso perfil, un par de ojos avellanados de color café, larga cabellera castaña y un espléndido cuerpo. Diana es tan parecida en cuerpo a la Cazadora, que cada vez que la mira, sólo puede recordar la humedad de su mujer después de haberse tomado una ducha. Tienen siete años de casados y la sorpresa la tuvo Rodrigo al encontrar un papel que dice ‘te amo’. Pero es una impresión de computadora. Que pudo haber sido cualquier cosa. Eso pensó hace dos días. Pero la incertidumbre se le sube a la cabeza al pensar que alguien está disfrutando de su mujer y que él ya no la disfruta como en los primeros tiempos.

Se descubrió los celos una mañana en que Diana salía de México por tres días, para asistir a una convención en Puerto Vallarta. Rodrigo la llevó al aeropuerto y cuando ella iba a descender del auto, tan sólo le dio un beso ligero en los labios. En ese momento, Rodrigo estaba deseando un gran beso, como aquellos primeros besos. Pero no, ni siquiera tuvo tiempo para reaccionar con un reclamo. Diana se fue. Iba feliz, eso era evidente. Hace seis meses. Seis meses con la incertidumbre. Seis meses sintiéndose con un enorme par de cuernos. Luego el papel de hace dos días. Por eso el detective.

Rodrigo le advirtió al detective que su mujer siempre tenía de compañía a su amiga Valentina y eso, lo hacía según él, para despistar y evitar cualquier sospecha. Rodrigo le advirtió al detective que ella era una mujer muy inteligente y demasiado perspicaz, por lo que debería tener cuidado si tenía pensado acercarse a ella bajo cualquier pretexto. Rodrigo le proporcionó los datos de su trabajo, de su gimnasio, de sus actividades de compras y demás.

El detective regresó al mes del inicio de la investigación. Rodrigo lo recibe rápido porque tiene una presentación ante nuevos clientes.  Regresó con fotografías y “una pequeña filmación con reproductor de última generación”. Después de entregarle el material y cobrar sus honorarios, el detective se despidió con una sonrisita burlona de Rodrigo. Por atender los clientes -rápido y con muchos miles de pesos, más bien dólares por delante-, Rodrigo coloca el sobre dentro de su maletín.

La presentación fue exitosa y entonces hubo motivo de celebración que se extendió hasta pasada la medianoche. Rodrigo llegó a su departamento bastante cansado y aturdido por la música. Diana ni siquiera se molestó por su llegada a esa hora.

A la mañana siguiente, cuando Rodrigo despierta, Diana ya ha salido hacia su trabajo. Rodrigo se baña y mientras se está tallando la cabeza, recuerda el informe del detective. Rápido sale de la regadera y se coloca la bata aun estando todo el cuerpo mojado. Abre con cierta excitación su portafolios y rasga el sobre torpeza. Los celos se apoderan de él de inmediato.

-¡Te mato, Diana! A ti y a tu machito.

Toda la excitación del mundo está dentro de su pecho en ese momento. Por fin tiene las imágenes frente a sus ojos. Primero le generan confusión. No puede creer lo que está mirando en las fotografías.

-¿Qué es esto? –Dice en voz alta, sin todavía aceptar las imágenes. Poco a poco, cada una de las fotografías, lo van ubicando en la realidad: Diana lo engaña, es cierto, como lo demuestran las fotografías, pero lo engaña con la persona que menos se imaginó: con Valentina

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Author: admin

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