El lado B (dsm)

Desde el momento en que recibió ese correo, en pleno auge de su descubrimiento como ninfómana, pensó “estaría interesante coger con un desconocido, que me contacta por correo…”

Y sí, se conocieron primero por correo y con todas las etiquetas y protocolos de por medio y que imponen ciertos comportamientos.

Ella propuso el primer encuentro, como sabía como jugar sus cartas, se le ocurrió que podía ser en su lugar de trabajo, en un café cercano y eso únicamente para discutir los temas que a los dos interesaban y que eran estrictamente laborales. Imaginó que este hombre sería un ejecutivo de unos cuarenta y algo, con traje y muy formal… y aunque esto no fue así, resultó mucho más interesante.

Los primeros minutos de plática, discutieron la manera en que podían colaborar juntos y en determinado momento, él comentó que se dedicaba a una serie de deportes en particular, lo cual provocó que ella en seguida comenzó a dejar que su imaginación jugara con el cuerpo de su acompañante. Detalles empezaron a darse y ella se quedó con ganas de algo más y por cuestiones desconocidas al entendimiento entre ambos, no volvieron a encontrarse sino unas semanas más adelante.

Para ser franca, cuando mi amiga me contó de este nuevo personaje, no sabía como interpretarlo, era claro que los dos habían tenido algún tipo de “ganas” por llamarlo de un modo, pero dado que no fue así, le propuse a ella que se vieran de nuevo, a ver qué podía pasar.

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Así fue, se vieron pasadas una semana, dejando lo laboral a un lado y dando pie a un encuentro en el mismo café de antes, y sin platicar de nada que tuviera que ver con trabajo, solo para conocerse un poco más, antes de entrar a la sala de cine. Misma en donde ella, conocía los espacios propicios para las caricias, por experiencia previa con un amante.

Entraron al cine y probablemente los dos querían comportarse como adolescentes, pero prácticamente, la película se los impidió, resultó ser bastante buena e interesante, tanto que saliendo de ahí se quedaron platicando largo rato al respecto y nuevamente y sin un acercamiento mayor de por medio. Lo único, fue a través de una prenda, con lo cual nuevamente la imaginación de ella se hizo cargo del resto y resolvió que este nuevo personaje, era un poco fetichista, vaya, eso de dejarle a una chica, que acabas de conocer, una prenda de ropa para que la use e impregne con su humor, no es habitual.

Pasaron días, semanas y unos cuantos meses hasta que se encontraron de nuevo, él le pidió un favor poco común “cuando nos veamos, salúdame abrazándome, quiero probar los celos de mi pareja”. Al decírselo, ella se desencantó un poco, no solo porque tenía pareja, sino porque ella estaba más o menos en una situación similar, pero sin celos de por medio. Y sí, al encontrarse se saludaron con un abrazo, ella noto que la pareja de él tenía ciertos rasgos similares a los suyos y aunque no dijo nada, pensó en que, que mal que no se hubieran encontrado antes.

Platicaron largo rato y quedaron de verse más, cosa que resultó complicada dadas las labores de ambos y ahora más que él estaba en una relación y ella también, porque aunque ella como ninfómana, no tenía problema con hacerlo se había hecho a la idea, de que ahora sí quería hacer las cosas bien, sin perjudicar a nadie.

A. (como nos referiremos a él), empezó a buscarla de nuevo, porque descubrió ciertos rasgos de ella que empezaron a atraerle, probablemente se percató de los deseos de ella pero calló todo y solamente le sugirió que a él le encantaba el sexo rudo y duro, con muchas nalgadas y látigos de por medio, pensando que con eso, se espantaría y dejaría de buscarlo, pero no fue así, al contrario…

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Ella, desde que empezó a tener sexo con hombres a los que les gustaba todo eso, descubrió que era algo que estaba dispuesta a experimentar, pues ´solamente´le habían dado nalgadas y hablado sucio,  pero eso de amarrar y castigar, le atraía, una de las grandes fantasías de ella y que alguna vez confesó, era hacerlo con un desconocido y de manera intensa, como una especie de violación consensuada, solo que rara vez lo confesaba por temor al juicio de los más puritanos.

Finalmente tuvieron un encuentro, coincidió que las parejas de los dos se encontraban fuera de la ciudad y una noche en la que ella estaba con ganas y él también. El empezó a hablar de sus gustos por el sadomasoquismo y sin darse cuenta, en la medida que él platicaba y detallaba la manera en que lo hacía, ella comenzó a mojarse imaginando todo, así que decidió hacer algo al respecto, a pesar de que A. advirtió que era dominante.

Se levantó del sillón donde estaba y empezó a caminar hacia él, como una pantera merodeando a su presa, le quitó las gafas, besó su cuello y poco a poco se fue pegando a él, después, bajó del cuello y empezó a desabrocharle la camisa y luego los pantalones…

Justo en el momento que ella estaba por comenzar a mamarlo, A. la levantó y la volteó para sentir sus nalgas contra su verga. Ella traía vestido y un liguero que sostenía sus bragas, le apresó los brazos con uno de los suyos y mientras con el otro la empezó a masturbar con un dedo, después con dos para pasar por el clítoris. En cierto descuido, ella quedó con una mano libre, con la cual bajó los pantalones de su amante y le pidió que la penetrara y así fue, pero antes de que eso ocurriera, él comenzó a torturarla a base de nalgadas y masturbándola cada vez más intenso para que acabara en sus dedos. Subió la mano para intentar callarla y como vio que ella no se callaba, pasó a su pelo y se lo jaló y empezó a gritarle toda clase de improperios y ella ya no se podía aguantar.

Finalmente la dejó voltearse, cuando lo hizo, se dieron un beso tan rico, que sus lenguas se prensaron como viejas amigas que se reencuentran después de años, ella bajó y lo mamó hasta dejarlo a segundos de venirse y le rogó que la montara o que acabara con ella de algún modo y así fue.

La volteó de nuevo, le sujetó la cadera, apretó sus nalgas y empezó a darle latigazos por las nalgas hasta dejarlas bien marcadas, ya que lo hizo, la penetró duro mientras que con la otra mano jugaba con su clítoris. Ella gimió y gritó como nunca en su vida. Al final él se vino afuera, dejando que su semen escurriera por la espalda de su amante; ella en cambio, acabó dentro, empapando la verga de él, para asegurarse que todos sus jugos se combinaran y su olor quedara en el suyo por mucho tiempo, como aquella vez con esa prenda, y así, el fetiche cumpliera su cometido.

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Author: admin

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