Entre la espada y el kraken


Rage, rage against de dying of the light

Dylan Thomas

 

Mi espada de Damocles es una enfermedad que me impide tomar cualquier tipo de anticonceptivo, incluyendo el del día después.  Esto me condena a una cosa, al menos en mi existencia heterosexual: debo confiarme enteramente a mi compañero de cama, no controlo la anticoncepción, la controla él.

La experiencia indicaría que estoy navegando con el viento en contra y que el más mínimo desliz puede desatar al Kraken. Porque, para una mujer, un embarazo es eso: un Kraken. De él solo pueden salir dos tormentas: el hijo o el aborto.

La primera tormenta es un huracán que dura al menos dos décadas y que tiene grandes probabilidades de encontrar a su víctima sola, separada, soltera, trabajando y queriendo hacer algo de su vida, lo que en mi caso es estudiar, militar, escribir y disfrutar de esto todo lo que pueda.

La segunda tormenta, el aborto, es un tornado. En un día puede arrasar con todo. De mínima, pasás por hacerte de forma casera y no muy higiénicamente lo que debería ser una intervención menor, cuidadosamente preparada. Pasás por estar viendo a cada hora si te levanta fiebre, por estar doblada, por enfrentarte al hospital a medio desangrarte mientras pensás que sos una de las que tuvo suerte, porque otras terminaron presas o peor.

En mi caso, el aborto en mi casa, con pastillas, ni siquiera es una opción, por la enfermedad, por la espada de Damocles. Tendría que optar necesariamente por la opción quirúrgica, o sea, tendría que pagarlo y confiar en que esa gente que probablemente no pisó la Facultad de Medicina se dé cuenta si surge alguna complicación relacionada con mi enfermedad, poco estudiada, sin cura, y con escasos profesionales preparados para tratarla en la ciudad. No quiero pasar por eso. No lo quiero ni pensar.

Así que acá estamos, sin poder tomar anticonceptivos, teniendo que confiarme enteramente al hombre con el que voy a acostarme. Yo creo sinceramente que esto es posible, pero hay que pelearla. El tipo tiene que remontar años de publicidades vendiéndole forros al grito de “puto enfermo de HIV” (nunca un macho en las campañas de prevención ¿eh?), tiene que remontar horas y horas de pornografía endiosando la eyaculación desnuda como la madre de todas las batallas, tiene que remontar a su madre siempre lavando los platos, tiene que remontar que ella siempre fuera el centro de todos los chistes.

Yo quisiera proponer una solución práctica, para incentivar a los muchachos a dar esta pelea. He decidido ofrecer todo lo que sea “otros orificios” y explorar a fondo las múltiples formas de la oralidad. Pienso entrenar a mi garganta para la gárgara defensiva, mientras la lengua oficia de infantería ligera. En mis horas libres, enseñaré a los niños a no despreciar el dedo, que por algo Miguel Ángel lo pintó al hombre a poco de tocar a Dios con una yema. Voy a abrir los telones de la función del lunes vociferando los pormenores de la escatología, de mi palabra surgirán mares de acabe caliente. No hará falta cuero para sentir cuero. La violencia será un juego entre pares, una partida, un deporte dulce. Nos saludaremos antes de cada batalla y, después de ella, en cada uno crecerá el orgullo. Partiremos cada cual hacia otro cuerpo todavía con el gusto del otro en los labios. Fumaremos, beberemos el uno del otro aún en las ausencias y ¡cómo será la presencia cuando se vierta toda la piel y no quede ya nada más que contacto!

Así obraré de ahora en más. He decidido empuñar la espada y gritar: ¡Suelten al Kraken!

Visita el artículo original en: https://algunossondeficcion.com/go/relatos/entre-la-espada-y-el-kraken-2/

 

Author: admin

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