Cuando el periodismo aún no había muerto

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¡Que tiempos aquellos en los que cuando alguien quería enterarse de lo que pasaba en su ciudad, en su país o en el mundo, bastaba con que se comprase uno o dos periódicos o que escuchase la radio!

Por entonces las cosas estaban claras y ordenadas por secciones . La opinión estaba en unas páginas reservadas a la opinión, las noticias eran noticias, los rumores o los bulos no colaban salvo en la sección de cotilleo, las entrevistas constaban de preguntas y respuestas, el editorial marcaba la posición independiente del periódico, los sucesos tenían la entidad que hay que concederle a los crímenes pasionales , los ecos de sociedad contaban los nacimientos, bautizos y bodas de los famosos, y las necrológicas constituían la única concesión a la libertad de expresión. Las esquelas y los epitafios podían incluir excesos verbales que nadie se atrevía a censurar, porque eran patrimonio del muerto.

Solo en los anuncios por palabras se podía jugar al equívoco inteligente, y por eso la censura no ejercitaba sobre ellos ningún control porque, como ya he dicho, se precisaba cierta inteligencia para detectar el mensaje subliminal o en clave , que a veces contenían.

Los titulares eran contundentes, informativos , claros y sin faltas de ortografía . Los directores de los periódicos estaban a lo suyo en su despacho, supervisando contenidos o hablando con los poderosos.

Los redactores iban con traje, sombrero y corbata, aunque cobrasen poco, porque sabían lo que representaban y se hacían respetar y a veces hasta temer. Estaban especializados en la sección que llevaban y aspiraban a que algún día se les reconociese su mérito como reporteros .

Pero eso es el pasado .

Hoy la prensa ha cambiado y lo que importa no es la noticia sino la versión particular que cada periodista haga de ella.

No importa tanto que sea cierta como que su impacto sea capaz de escandalizar mucho y de alimentar así la fobia de la parroquia a la que va dirigida.

Se ha perdido el arte de escribir un titular, porque para entenderlo hay que leerlo al menos dos veces, está mal redactado y , en vez de informar, excita pasiones.

El rigor no cotiza y la comprobación de un dato importante por más de una fuente es una práctica inexistente en un mundo en el que la urgencia esta por encima de la verdad.

El off the record que fue un privilegio a defender incluso delante de un juez para no traicionar a la persona que te había hecho una confidencia informativa ,ha sido la primera puta del periodismo actual . Se la han beneficiado unos y otros porque nadie cree ya en la confidencialidad o en la existencia de esas fuentes .

Hoy cuando un periodista afirma que conoce algo de muy buena tinta pero que no puede decir quién se lo ha contado porque es confidencial , miente como Mariano Rajoy cuando jura que no sabía nada de la financiación irregular de su partido.

Los periodistas que cada día publican supuestas exclusivas amparándose en gargantas profundas inexistentes, no superarían el poligrafo del que sale airosa Belen Esteban, porque algunos son capaces de aguantar la mentira sin que se les caiga la cara de vergüenza, aunque se rompa el aparato.

Los redactores han sido sustituidos por los opinadores , y quienes dirigen esos medios se pasan más tiempo en las tertulias de las televisiones que trabajando en su despacho  aunque sacan pecho porque han dejado de publicar anuncios de contactos sexuales en sus periódicos.

El periodismo de hoy está al nivel de nuestra sociedad y nuestra clase política. Pero no todo está perdido.

Los corresponsables en el extranjero y sobre todo los enviados especiales a los lugares de conflicto salvan la dignidad se esta profesión en declive.

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Author: admin