Sumisión

36.SumisionLa sumisión es una emoción social que implica el abandono por parte de la persona de su yo para ser sometida por el yo de otra u otras con independencia de que dicho abandono le resulte beneficioso o perjudicial.

Tenhouten descompone la emoción secundaria de la sumisión en la suma de dos primarias: la aceptación y la tristeza. Aceptación y acatamiento de la voluntad de los otros y la tristeza que comporta la pérdida del propio yo. Sin embargo Plutchik habla de confianza y de miedo, emoción que sería la responsable de que la persona aceptase que su yo fuese sometido por la voluntad de otra al sentir que esa sería la mejor manera de salvaguardar su integridad.

Existirían diversas formas de sumisión en función de dos componentes: el grado de abandono del propio yo y la persona o entidad que lo provoca. Por ejemplo, estaría la sumisión por amor, que se suele dar cuando un miembro de la pareja acepta la voluntad del otro por el mero hecho de hacerlo feliz. Y por otro lado, encontraríamos la sumisión por temor a ser agredido o a perder algo que sabemos que necesitamos. Esta última es muy habitual en contextos sociales jerárquicos, donde por miedo a la respuesta del líder, la persona decide abandonarse y acatar su voluntad por miedo al rechazo o por ejemplo a ser despedido en el caso de una relación empresarial.

La sumisión no siempre implica la aceptación por parte de la persona sumisa. Generalmente si se produce a causa del miedo, la persona mantiene escondidas sus convicciones aunque se deje imponer por el yo del otro. Ni tampoco implica un sentimiento de malestar por parte de la persona sumisa, ya que hay personas que por el contrario siente bienestar sabiéndose gobernadas o dirigidas por otras.

En toda sociedad se producen relaciones de sumisión y dominación. De hecho gracias a estas dos emociones se pueden establecer los diferentes rangos sociales que permiten la organización de los distintos grupos sociales. Sería tan disfuncional socialmente la existencia de numerosos líderes, cómo que no hubiese ninguno y todo el grupo estuviese compuesto por personas sumisas. Todo grupo necesita tanto de una figura que canalice y dirija las energías comunes en una determinada dirección, cómo de la de seguidores que ayuden al líder en la consecución de los objetivos  grupales.

Cuando la sumisión incapacita a la persona se torna disfuncional. Una cosa es aceptar un liderazgo y otra muy diferente verse subyugado en contra de la propia voluntad. Esta seguramente es la razón por la que socialmente no son bien vistas aquellas situaciones en las que la sumisión de las personas implica además de la eliminación del yo, la pérdida de su autoestima y autoconcepto y/o la pérdida de cualquier aspecto que ponga en riesgo la autonomía física, psíquica y social de la persona sumisa.

En realidad todos acabamos aceptando roles de dominación y de sumisión. Resultan difíciles y disfuncionales aquellas situaciones en que una persona sea siempre dominante o siempre sumisa, ya que para una correcta configuración y establecimiento del yo se requiere haber vivido ambos tipos de emociones, sin las cuales sería imposible un correcto aprendizaje por parte de las personas.

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Author: admin

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