La era del vacío

La era del vacío (Lipovetsky, 1983. Citado en Glez-Mediondo, 2014) es una buena forma de nombrar la existencia del ser humano en una sociedad individualizada en donde los lazos afectivos son síntoma de debilidad, de la no entereza de la persona. Donde el capitalismo compra emociones y sentimientos y donde tenerlo todo – el todo material- es el objetivo. Una sociedad donde todo es posible pero es muy poco probable que se dé de esta manera posible (Pérez Álvarez). Una sociedad caracterizada por la INSATISFACCIÓN: continuamente deseas lo que no tienes y estás consumido por el consumo (Pérez Álvarez). Una sociedad, como cita Bruckner en 1996, como resultado de una lógica individualista y esencialmente hedonista en donde lx ciudadanx se aleja de sus necesidades básicas y actúa motivado por la satisfacción de sus deseos más inmediatos y la evitación de cualquier sufrimiento.

La postmodernidad líquida exige una vida peligrosa encerrados en una egolatría carente de afectos, imponiendo un ideal de individuo que flota por oficios sucesivos, amores inestables y búsquedas sucesivas del provecho afectivo o financiero (Rendueles, 2007. Citado en Glez-Mediondo, 2014).

El sujeto ideal postmoderno queda reducido a un yo fragmentado en una sucesión de “yoes adaptativos a cada situación: idiotas morales siempre obedientes a lo real por incapacidad de mantener un juicio interno que les pueda producir dolor” (Rendueles, 2007). Ser feliz en el nuevo marco social implica la fragmentación de las vidas, exige a los individuos que sean flexibles, que estén dispuestos a cambiar de tácticas, a abandonar compromisos y lealtades; adaptándose a las exigencias del mercado mundializado para sobrellevar la precarización de la existencia y llevar una vida líquida (Bauman, 2007). Frente a la vida moderna que suponía el desarrollo individual en el marco de unos grupos naturales – familia, compañerxs de trabajo y militancias políticas o religiosas – que la estabilizaban y dotaban de seguridad y argumentos (Rendueles, 2007).

Si algo o alguien frustra mis proyectos de felicidad, si me veo obligadx a atravesar momentos difíciles o nudos vitales, o si cualquiera se interpone en mi camino ya no puedo llegar al ideal de felicidad y plenitud que me están vendiendo y, por lo tanto, mi vida ya no es una vida feliz.” Las sociedades están organizadas para que los individuos no tengan problemas, y si los tienen que los tengan como ellas mandan”(Pérez Álvarez).

Para escapar de los modelos tradicionalistas – en los que  las relaciones son sempiternas, y donde aquello que se sale de lo heteronormativo y, en general, aquello que se sale de la norma, de lo que creemos que debe ser, está mal, es un problema o un “trastorno” o, incluso, un delito -tomando estos modelos como verdad absoluta, sin tener en cuenta la interpretación y demás aspectos que relativizan las verdades-. Para combatir esta rigidez, se pasa – y se obliga a quien no quiere- a “el todo líquido”, en donde nada dura y nada tiene una estructura sólida.

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